sábado, 21 de mayo de 2011

Todas escondidas en mis sueños.

Las luces apagadas. La almohada como confidente principal. Son las doce de la noche, la hora en la que mejor discurren las ideas, en las que te paras a pensar en el día a día, en la vida, en las peores cosas o en aquello que te hace sonreír.
Pienso en ti, por un lado, me haces sonreír. Recuerdo tus labios carnosos y siempre dispuestos, tus manos, tu torso, tu sonrisa y tu mirada….
Ahora, lloro. No te tengo cerca, y un cosquilleo que no representa a las mariposas se pasea por mi estómago. Es el cosquilleo de los nervios, la angustia, las ganas de llorar. Y resbala una lágrima por mi rostro…

Cambio de posición, ya son las 12 y media. Aún no consigo dormir. Me pongo a darle vueltas a la vida, a lo que me toca ahora, o a lo que quiero hacer…me desespero. Como cada día que pasa sin novedad, como un sol escondido entre una tormenta. No quiero darle más vueltas, déjate llevar….

Cierro un poco más los ojos, ahora ya cansados y medio dormidos…. Y por un instante se me pasa ese nombre por la cabeza: Laura. ¿ dónde estarás ahora? Qué será de tu vida, qué tal te ira… y pensar en todos los años pasados juntas, desde pequeñas, desde la infancia, año tras año compartiendo curso, amistades, penas y alegrías y aprendiendo de cada personalidad, en este caso tan dispar.
Y entonces, se meten en mis sueños todas ellas, todas en un mismo sueño, como si no tuviesen otro lugar donde ir a parar esa noche….
Se revuelven y actúan una por la otra y la otra por mi. Como en esos sueños en los que no entiendes nada. Pero ahí están, en mi subconsciente, reflejándose en el sueño de esta noche….
Y mañana, ¿quién?

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