esa noche dormí fatal,intranquila, preocupada, agobiada. no paraba de pensar en lo mismo. y me invadía un sentimiento de nostalgia, de no saber qué iba a pasar.
nada más despertarme, sabiendo que esa era el último día que pasabamos allí, juntos, un poco perdidos del mundo, supe que le iba a echar de menos.
y no pude evitar preocuparme, agobiarme, sentir un nudo en el pecho que no me dejaba casi respirar. noté que tenía ganas de llorar, ganas no, necesidad. todo se acababa ese mismo día, y ni siquiera había tenido tiempo de hacer las cosas que me hubieran gustado a su lado, no había tenido la oportunidad de demostrarle todo.
con ese nudo en la garganta, con esa intranquilidad, sentada en una piedra, en ese río, no pude evitar llorar.
y desahogarme con las personas que tenía ahí a mi lado. decirles que sin él no podía, que le iba a echar de menos, que no soportaría una despedida más, y saber que esta vez era el final, que era un adiós y no un hasta luego. y pensar que él no tenía ni idea de lo que me estaba pasando por la cabeza.. de que estaba tan preocupada que sólo pensaba en eso, y de que ese último día, al verle marchar antes,andando... sentí que esa sería la última vez que le sentiría así de cerca, supe que el juego se había acabado, que nos marchábamos, que esa magia solo había existido esos días.
y me quedé allí, esperando a un coche que me bajase de esa nube, esprando a que alguien viniese y me hiciese recordar que todo terminaba.
y aunque se que las lágrimas no solucionan nada, me acuerdo que esa noche, esa última noche, lloré más que nunca.
no podía soportar tenerlo entre mis manos y estar dejandolo escapar así, sin más..
no podía mirarle a la cara y decirle que le quería más que a nada, que necesitaba estar con él, y que me apartase la mirada... porque yo se que él tenía miedo, tenía miedo de soltar todo eso que llevaba dentro, tenía miedo de luchar, miedo de mi, y de si mismo... y fue ese miedo el que no le dejó decir mas que adiós.
y se que le hubiera gustado poderme decir otra cosa, que le hubiera gustado agarrarme fuerte de la mano y no soltarme nunca. pero no pudo... y yo se que no pudo.
asi que me quedé ahí, callada, a su lado, jurandole que no volvería, que esa era la oportunidad y si la dejabamos escapar, no volvería...
no logré que dijese todo eso que los dos sentíamos. no pude hacer más.
sólo supe disfrutar de ese momento, porque yo no me permitía dejarlo escapar como él...
asi que ahí, en ese momento, besandonos a la luz de la luna, con el crujido de la corriente de ese río, agarrados de la mano, fue cuando comprendí que una batalla se gana cuando dos personas luchan, y que en el momento en que una de ellas deja de hacerlo, la batalla está perdida.